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Atletismo

17/02/2016 17:02

Historia

Derek Redmond: "Decidí que las Olimpíadas no me ganarían"

El británico que protagonizó una histórica escena de lesión y superación en los Juegos de Barcelona 1992 recuerda su carrera, la repercusión que ganó y el sueño frustrado de la medalla

Generalmente, es por medio del podio que un competidor se consagra en el deporte hasta convertirse en un ídolo internacional. Pero difícilmente alguien recuerde, en la actualidad, que fue el norteamericano Quincy Watts quien ganó los 400m en Barcelona 1992. Mucho menos de Steve Lewis, también de los Estados Unidos, que ganó la semifinal en primer lugar, con 44s50. La prueba quedó plasmada por un atleta que no clasificó para la decisión, pero levantó a los 65 mil espectadores del estadio a su favor.

Ese año, el británico Derek Redmond quería enterrar los fantasmas de Seúl 1988, cuando una lesión en el tendón de Aquiles lo sacó de competición faltando 10 minutos para el inicio de la batería. Barcelona tenía lo necesario para que todo saliese bien. Un año antes, el atleta integró el relevo que se llevó el oro en el 4x400m durante el Mundial, en Tokio. La preparación física estaba en su auge. "Yo estaba en el mejor momento de mi carrera. Era la mejor oportunidad que tenía para ganar una medalla olímpica, principalmente el oro", cuenta Derek.

Toda expectativa y preparación quedaron frustradas cuando, 250m después del inicio de la carrera, se rompió un tendón de su pierna derecha. Con una lesión completamente diferente de aquella sufrida cuatro años antes, Derek vio morir su sueño nuevamente. "Fue muy difícil. La lesión vino en mal momento, en el medio de la carrera. No fue fácil lidiar con eso", comenta el británico, en una entrevista al brasil2016.gov.br.

Derek sufrió así la contusión, siendo amparado por el padre: ese momento se convirtió en una referencia incluso para el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama. Fotos: Comité Olímpico Internacional

Derek, sin embargo, ganaría los reflectores segundos después del incidente. Llorando mucho y visiblemente con fuertes dolores, el atleta se levantó del suelo y, alejándose de los médicos y cámaras de organización, fue rengueando en un pie hasta la línea olímpica para terminar la carrera. "Una de las cosas que me hicieron continuar fue un poco de frustración, porque tuve muchas lesiones antes y no podía creer que me estaba pasando de nuevo", explica. "Quedé devastado y frustrado, y decidí que, en aquel momento, las Olimpíadas no me ganarían. Yo iría, al menos, a terminar la carrera. Eso fue lo que me hizo continuar corriendo", justifica.

El público ya estaba aplaudiendo y apoyando al atleta cuando un hombre invadió la pista y cedió su hombro para ayudarlo a completar el recorrido. Era su padre, Jim. "La primera cosa que yo le dije a mi padre fue "ayúdame a volver a mi carril', que era el número 5, porque yo quería terminar la carrera. Al principio, mi padre quería que parase para que no me lastimara más la pierna, pero yo le dije "no, ponme nuevamente en el carril 5'. Entonces, él me respondió dijo "ok", recuerda Derek. "Yo sabía que él estaba en Barcelona, habíamos conversado antes, pero quedé sorprendido cuando lo vi ingresar a la pista", agrega.

Podio distante

Casi 24 años después de lo ocurrido, Derek es aún una referencia de espíritu deportivo. En 2012, la actitud del británico fue elegida como el tercer mejor momento olímpico de la historia, en una votación realizada con telespectadores de la emisora de TV americana NBC. El propio presidente Barack Obama citó la perseverancia del atleta durante un discurso. A pesar de toda visibilidad, garantiza: cambiaría todo por un podio olímpico.

"Fue un gran honor que Barack Obama me haya citado en un discurso. Creo que eso demuestra cuán importante puede significar para otras personas un momento olímpico, pero, si tuviese que elegir, preferiría tener la medalla antes que el momento", dijo. "Fue la mejor oportunidad que tuve. No se puede volver en el tiempo. Estoy un poco triste y frustrado por nunca haber ganado una medalla olímpica", añadió.

Comentar el asunto también no fue siempre tan simple. "Yo entiendo que las personas vean un gran momento olímpico con respecto a lo que pasó, pero para mí fue algo natural. Yo necesitaba terminar. En algunos momentos puede ser difícil ver eso del mismo ángulo que otras personas lo ven", asegura. "Yo precisé de algunos años para ser capaz de hablar sobre ello sin quedar devastado", recuerda el ex atleta, que igualmente quebró dos veces el récord británico, fue campeón en el relevo 4x400m en el Campeonato Europeo y en los Juegos del Commonwealth, ambos en 1986, y medallista de plata en el Mundial de 1987.

Discursos motivacionales

Hoy, sin embargo, hablar sobre lo pasado ya se volvió parte de la rutina de Derek, que incluso profiere discursos motivacionales para atletas, clubes y, principalmente, en el ramo de negocios. "Las personas comenzaron a contactarme y decirme cómo yo las inspiraba", explica. "Todos los días alguien me recuerda sobre Barcelona, por medio de mensajes que recibo en Twitter, en Facebook o por e-mail. Todos los días alguien me va a recordar, o va a leer o ver algo sobre eso", relata.

Se necesitaron siete cirugías en dos años y, aun así, el atletismo no pudo continuar siendo una alternativa. La lesión de 1992 concluyó la carrera olímpica del británico. "Durante tres años intenté volver, pero eran muchas lesiones y cirugías. Después de tres años, fui avisado por los médicos que, si continuaba perjudicando mi pierna, podría llegar al punto de no volver a caminar", recuerda.

Sin querer alejarse de los deportes, se destacó en otras modalidades. "Jugué básquetbol para Inglaterra y pasé al rugby. Siempre amé los deportes y soy competitivo", afirma. Hoy, además de los discursos que administra, el exatleta todavía encuentra tiempo para el motociclismo y el kickboxing. "Siempre fui una persona positiva. Yo siempre creí que podría ganar medallas, que cosas buenas vendrían e intenté no pensar en cosas las malas que podrían suceder. Mantuve eso fuera de mi mente y solamente lidiaba con eso cuando algo sucedía", cuenta.

Los dolores ya no me torturan más. "Estoy poniéndome más viejo y estoy mejor", bromea, diciendo que el tendón solo sería una molestia en "sprints" o carreras de larga distancia.

Con un total dominio del pasado y satisfecho con el presente, Derek espera una edición exitosa de los Juegos Olímpicos en Rio de Janeiro. "Yo espero que sea muy buena, que tenga grandes actuaciones. Tienen el clima a su favor. No tengo ninguna duda sobre cuán buenos anfitriones serán durante los Juegos. Espero poder ir y asistir", concluye.

Ana Cláudia Felizola - brasil2016.gov.br